
Te has ido como has vivido en estos últimos años, sin dejar que estuviese cerca de tí.
Es una pena que tras cerca de 35 años que nos hicimos amigos, que compartimos estudios, amigos, experiencias, encontramos a la vez a nuestros respectivos amores, que nos ayudamos en los malos momentos, que nos ayudamos a encontrar trabajo, que compartimos experiencias divertidas y algún susto que otro, que juntos hemos visto nacer y crecer a nuestros hijos, en fin, lo que es toda una vida; pues como te decía, es una pena que estos últimos años no me dejases estar cerca de tí, aún así y a pesar de mi enfado por tu aislamiento, del que desconozco la razón, de tu cabezonería por no dar tu brazo a torcer (eso nunca lo podrás negar) y aislarte, a pesar de todo siempre he sido fiel a tu amistad.
Reconozco que no te has aislado de todo, si no que has sido capaz de hacer más amigos, posiblemente hasta es posible que te hayan querido tanto como yo o más, no voy a pretender ser el único, y si no fíjate en toda la gente que fue a tu velatorio y a tu incineración (perdona la broma pero no puedo por menos: "fuiste el muerto en el entierro", todo el protagonista), llegaste a crecerte dentro de tu pequeña estatura, a disfrutar de un Navaluenga que descubrimos juntos (ya ni te acordarás de cuando fuimos las tres parejas a un piso que nos dejaron y vimos lo que luego fue uno de tus lugares más amados, de tus estudios del idioma chino y de tus clases de Tai-Chi y ya no digamos de tu golf y de tu ayuda en Protección Civil.
¡Por Dios, cómo me enfadé cuando me llamó tu Andrea para decírmelo!, ¡cómo me enfadé contigo por tu silencio y no poder haber hecho nada, NADA, aunque sólo fuese estar a tu lado y decirte para mí interior adiós, ADIÓS!
Que descanses y que hayas alcanzado la paz.
Un beso y hasta que el destino me haga ir donde tu estás ya...